A día de hoy, casi todos tenemos una grabadora de Blu-ray en los estudios o en casa. Pero he decidido recuperar un artículo antiguo sobre la grabación de Cd. ¿Un paso atrás? No creo. Digamos que es un primer paso necesario para otro día abordar la grabación del Dvd y la grabación del Blu-ray. Nosotros todavía grabamos muchas cosas en Cd y creemos que no seremos los únicos …..

LA GRABACIÓN DE CD.

Cuando apenas éramos unos adolescentes y empezábamos a sumergirnos en las turbias y agitadas aguas del mundo de la grabación, la única manera de disponer de tus obras maestras en un formato que se pudiera distribuir (es decir, una mezcla estéreo) sin sufrir una merma de calidad considerable consistía en registrar la mezcla en un grabador de bobina abierta de dos canales. A partir de esa cinta master podías copiar montones de casetes para repartirlas entre familiares, amigos y desinteresados ejecutivos discográficos. Luego llegó la cinta DAT, y con ella, la promesa de que en poco tiempo se convertiría en un medio tan extendido como el CD lo es hoy en día. Por desgracia, el elevado coste del hardware asociado y el hecho de que apareciera poco después de la revolución del compact disc provocaron que el DAT nunca fuese adoptado como formato masivo. Sin embargo, muchos estudios acabaron utilizando este soporte atraídos por la comodidad y calidad cristalina que proporcionaba, y también porque las cintas DAT ofrecían casi la única opción de grabar en forma digital el audio destinado a ser prensado a un CD.

Pero mientras el CD se convertía con rapidez en el formato más común de distribución musical, plasmar tu música en un CD seguía siendo algo muy caro y complicado. Como gran parte del coste se debía (y se debe) a la producción del molde de vidrio o glass master, que es la base del proceso de fabricación, sólo era (y es) rentable fabricar grandes tiradas, así que nadie se planteaba producir unos cuantos CD’s de su último tema para sus colegas.

Las cosas cambiaron hace unos ocho o nueve años con la llegada de los primeros grabadores de CD’s. En vez de crear «hoyos» físicos en la superficie del disco, el CD-R (CD grabable) emplea una resina fotosensible que emula el aspecto de los hoyos cuando es leída por el diodo emisor de rayos láser de un reproductor de CD’s. De repente, grabar tu propia música en un CD era tan fácil como caerse de un árbol…… pero ¿de qué árbol había que caerse? La disponibilidad de los CD’s grabables trajo consigo un sinfín de incógnitas: Unidad grabadora independiente o unidad grabadora para ordenador. En el último caso, ¿qué software es mejor para grabar cd’s? ¿Qué significa eso de los libros de colores?

La forma más sencilla de comprender cómo funciona un CD-R es empezar echando un vistazo a los fundamentos de la fabricación de un CD de producción masiva, o CD «prensado». Como quizás ya sabes, la superficie de reproducción de un CD está compuesta por miles de «hoyos» contenidos en una superficie impoluta y muy reflexiva. Cuando el láser que lee el disco pasa por encima de un «hoyo» disminuye sobremanera la luz reflejada por el disco, lo cual es detectado por el láser. Mientras gira el CD y el láser pasa por encima de los hoyos y de las zonas (lands) que hay entre ellos, se genera un patrón de fluctuaciones luminosas que es convertido en una cadena de 1s y 0s que permite representar cualquier tipo de información digital.

La dificultad de la fabricación reside en el tamaño de esos hoyos: 0’5 micras de ancho, 0’15 micras de fondo y entre 0’8 y 3 micras de largo (una micra es una milésima de milímetro). Cuando manejas estas dimensiones resulta imposible reproducir los hoyos deseados con un 100% de precisión, así que se utilizan técnicas de corrección de errores para que el lector de CD’s trabaje con superficies en las que haya pequeños errores e incluso arañazos sin efectos apreciables en la reproducción. Esto se hace de dos maneras: primero se evita la escritura de información relacionada entre sí en bloques de datos contiguos del CD. ¿Por qué? Imagina que hay un defecto físico en un disco, como un arañazo. Como es probable que abarque más de un bloque de datos, si todos esos bloques estuvieran relacionados con una misma (y diminuta) sección de audio, toda esa sección estaría corrompida y sería mucho más probable que el error se escuchase. Sin embargo, como los datos de cada sección de audio están un poco «distribuidos», un arañazo en una sección de datos no afectará al resto de datos que, cuando se reagrupan en la descodificación digital, la completan. Aquí entra en juego el segundo método de corrección de errores, destinado a supervisar la señal recompuesta (datos digitales combinados en un flujo de audio continuo) que sale del cabezal lector del reproductor de CD’s y que es capaz de reconocer la presencia de una sección de datos que no parece relacionada con los datos anteriores. Cuando ocurre esto se activan los circuitos de corrección de errores y asignan un valor promediado a los datos corruptos, basado en los corrompidos. En la práctica, el error desaparece y el oyente no lo percibe. Por supuesto, existen límites para el número de errores por segundo que pueden ser camuflados de esta manera, y si son superados en algún momento del proceso de fabricación del CD, se rechaza la fase del proceso causante del problema. Por lo tanto, si el error reside en el master previo que has facilitado a la fábrica de replicación, podrías afrontar algunas dificultades…..

Un master previo puede entregarse en cualquier tipo de soporte siempre y cuando los datos estén organizados del mismo modo en que lo estarán en el CD finalizado (por ejemplo, las pistas de audio deben estar en el orden deseado, con los espacios y los niveles de volumen definitivos). Hoy es habitual entregar un master previo en forma de CD-R porque este disco aporta la representación más fiel y directa del CD finalizado, y además es un formato de fácil acceso para todos. Antes de que existieran CD-R’s se solían emplear cintas Exabyte (un soporte informático digital no muy diferente al DAT).

Suponiendo que el master previo supere las pruebas y requisitos de calidad y contenga los datos conforme a un «libro estándar» para CD, el CD-R se convierte en un glass master. Es una plantilla muy precisa sobre un cristal tremendamente liso y puro, impregnado de una laca especial, y tras una serie de procesos fotoquímicos adicionales, permite fabricar los CD’s de policarbonato transparente. Luego se añaden una capa de aluminio que aporta propiedades reflexivas, un barniz protector y, por último, la carátula del CD mediante un proceso de serigrafía.

Pero, ¿qué tiene que ver todo lo anterior con los CD-R’s? Las capas de aluminio y de policarbonato «perforado» son sustituidas por una capa especial de resina orgánica y una capa de policarbonato más ligero. La resina es sensible a la luz de una cierta longitud de onda, y cuando incide sobre ella el haz láser de escritura, adquiere un color más oscuro. Estas zonas más oscuras del CD-R provocan las variaciones luminosas que el láser lector convierte en un flujo de datos digitales; en otras palabras, las zonas oscuras simulan el efecto del láser lector pasando por encima de un hoyo, y así el disco puede ser leído como si fuera un CD prensado convencional.

Cada fabricante utiliza su propia resina (de ahí la variedad de colores que tienen los discos CD-R), pero el principio de su funcionamiento es el mismo. Sin embargo, cada fabricante también emplea diferentes rayos láser de escritura y lectura, así que no es nada raro que un CD-R de un determinado color no sea reconocido por una marca concreta de lectores/grabadores de CD’s (es por eso que muchos fabricantes de lectores/grabadores recomiendan utilizar sus propias marcas de CD-R). Por norma general, la calidad y el coste de los discos CD-R está relacionada de forma directa con el uso que les vayas a dar.

Los discos CD-RW son casi iguales a los CD-R, excepto en que la resina utilizada puede recuperar su color original aplicando un láser de una longitud de onda determinada. Al igual que en los CD-R’s, la velocidad máxima a la que puedes grabar un CD-RW (al margen del rendimiento del ordenador) depende de la luz láser que incide sobre él. Los CD-RW suelen aceptar una velocidad de escritura máxima menor que los CD-R debido a las propias propiedades de la resina (más elaborada) y a la necesidad de exponerlos al láser durante más tiempo para crear un «pseudohoyo» oscurecido. A diferencia de los CD-R, los CD-RW sólo pueden ser leídos por reproductores con capacidad de multilectura, una función excluida en los reproductores de CD’s de consumo y las unidades de ordenador más antiguas. Por lo tanto, el CD-RW no es un soporte adecuado para grabar un CD de audio, sino que suele utilizarse para almacenar y realizar back-ups de datos.

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LIBROS DE COLORES.

Las primeras especificaciones relativas al formato CD y a los datos de audio que contiene fueron publicadas en un tomo llamado «The CD Red Book». Sólo trataba el formato CD-Audio y no cubría ninguna otra aplicación, pero poco después desarrollaron nuevas variantes del Red Book para atender los avances de la tecnología. Comenzaron estandarizando el CD-ROM con el Yellow Book, al que siguieron poco después el White Book (Video CD) y Blue Book (Enhanced CD, mejorado). Éste último formato no debe confundirse con un CD mixto de datos y audio (Blue Book exige requisitos específicos sobre la organización de los directorios y los archivos que se usan con poca frecuencia pero sin dichas exigencias el disco sólo sería un CD mixto y eso, técnicamente hablando, no es ningún tipo de libro).

No te preocupes sobre las normas relativas al «color del libro». Cualquier CD grabable es un Orange Book. 🙂

A esto no le debes dar la mayor importancia. En vez de eso, intenta mejorar al máximo el sonido de tu música y su organización en forma de pistas en el CD, dejando esa jerga técnica sobre libros de colores en manos del hardware y software de grabación.

¿Cual es la velocidad recomendada para grabar los CD’s?

La velocidad de escritura depende sobre todo del uso que pretendas das al disco finalizado. Si estás recopilando unas pistas para pasárselas a tus amigos, deberías grabarlas a velocidades inferiores al 16X. Sin embargo, si estás produciendo un disco para una aplicación crítica, como un premaster de producción, deber tener más cuidado. Las velocidades más recomendadas para esto son entre 4X y 8X. Seguro que llevas algún tiempo haciéndolo a 1X. No es que lo hagas mal, pero ten presente que a velocidades tan bajas limitas las fuerzas giroscópicas que ayudan a estabilizar el giro del disco, elevando la posibilidad de que las vibraciones y los golpes externos provoquen errores de escritura.

 

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