La mayor parte de la información de este capítulo ha sido extraída de:

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Aviso: Debe quedar claro que la información que se muestra en este artículo debe tomarse como una ayuda, un punto de partida y en ningún caso pretende ser “el centro del Universo”. Además, nunca se debe menospreciar toda la ayuda y experiencia que pueda ofrecer un músico. Esta información pretende guiar en los pasos para grabar trompetas, saxos y otros “metales”, no en su interpretación.

 

PREPARACIÓN

LA SALA DE GRABACIÓN.

MICROFONÍA.

LA GRABACIÓN DE LOS METALES.

DINÁMICA Y EQ.

 

PREPARACIÓN.

A la hora de preparar una sesión de grabación de “brasses”, por ejemplo, hay que tener en cuenta el timing de los metales, ya que debe ser muy preciso. Es por eso que se suele grabar la sección al completo tocando como una unidad. En el caso de que necesites contratar a músicos, conviene hacerlo con una sección conjuntada con experiencia en grabación. Si puedes, consigue un arreglista, aunque quizás algún miembro de la sección asuma esa tarea.

Los instrumentos dependerán del grupo que encuentres, pero la mayoría llevan una trompeta, un saxo (alto, tenor, barítono, o todos) y un trombón, o cualquier combinación de estos tres. Si necesitas algo más específico, como una trompa, un flugehorn o una tuba, tendrás que buscar intérpretes individuales.

 

LA SALA DE GRABACIÓN.

La elección de la sala para grabar unos metales no es complicada. Puede ser pequeña y brillante, siempre que no introduzca muchas vibraciones y ondas estacionarias. En estos casos, sobre todo pensando en los arreglos actuales, los sonidos individuales, son más importantes que el ambiente de la sala. Eso no quiere decir que una acústica densa, ajustada y difusa no mejore el sonido de una sección de metales, pero a veces trabaja mejor una reverb artificial.

 

MICROFONÍA.

Los micros más utilizados para grabar metales son los de condensador de gran diafragma. Los Neumann más cálidos (U47, U67, y U87) se adaptan muy bien al trombón y al saxo tenor, mientras que otros más brillantes (como un AKG 414) resultan ideales para capturar los bramidos de la trompeta y el saxo alto.

Casi todo el sonido del trombón emana del pabellón, así que apunta el micro hacia esa parte desde unos 30-45 cm. Los saxos son parecidos, pero el cuerpo genera más armónicos, así que inclina un poco el micro a lo largo del pabellón hacia el cuerpo a unos 20-30 cm de distancia para conseguir un sonido más rico y lleno.

El sonido frontal de una trompeta llega ser muy intenso, así que aleja más el micro (sobre 60 cm) y desvíalo un poco del eje.

La distancia de los micros de ambiente depende del tamaño de la sala, pero si el recinto tiene unas dimensiones razonables, lo normal es colocarlos a unos 2’5m-3m de los músicos. Puedes emplear cualquier técnica para colocar los micros, pero probablemente conseguirás un mejor campo estéreo con la técnica “A-B” que consiste en utilizar un par de micros cardioides de condensador de gran diafragma separados 1’5m, apuntando en paralelo o con los ejes un poco abiertos hacia fuera.

 

LA GRABACIÓN DE LOS METALES.

De nuevo, una buena preparación de la sesión marcará la diferencia. Si todas las pistas están listas antes de empezar a grabar, tienes un metrónomo pregrabado y la mezcla de monitores es buena, no deberías tener ningún problema. Usa los mejores previos de micro disponibles, consigue un buen nivel de grabación para los micros de la sala y de cada instrumento, arma las pistas y pulsa “record”. En principio no necesitas tocar la EQ ni añadir más tratamientos en esta fase, tan sólo concéntrate en el sonido de cada instrumento. Comprueba que ninguna reflexión emborrona el sonido.

Además de la propia interpretación, durante la grabación de los metales debes fijarte en el “timing” y en la afinación de los instrumentos. No sería raro que alguno estuviera desafinado, pero tu función es descubrir cuál es el problema y solucionarlo antes de registrar las tomas. Podría ser culpa de la mezcla de auriculares o de su posición, pero lo menos probable es que sea un mal intérprete.

Conserva todas las tomas y anota cuáles son las mejores in situ. Después de la sesión podrás recuperarlas y montar con tranquilidad la parte de “brasses” definitiva.

 

DINÁMICA Y EQ.

DINÁMICA. La compresión dinámica puede hacer maravillas, pero un procesamiento muy evidente puede estropear su sonido. El compresor ha de trabajar de forma transparente. Lo normal es un ratio de 6:1, aunque por supuesto, depende del instrumento que estés procesando y de la forma con que el instrumentista lo haya tocado. Si sopla con fuerza en una trompeta, de un modo muy expresivo, necesitará una compresión más acusada, con un ratio de 15;:1 y 13dB de reducción de ganancia. También deberías aplicar una compresión de codo suave con un ataque de unos 5ms, aunque puede ser más largo si hay que conservar la intensidad del sonido. Al comprimir metales, el desvanecimiento automático resulta casi imprescindible porque la interpretación varía en una misma sesión de grabación, aunque si no tienes “auto release” puedes probar con un valor de unos 300ms.

ECUALIZACIÓN. En teoría no tendrías que usar la EQ. Recuerda que el sonido de los metales es un sonido natural y no deberías de “retocarlo”. Pero si es estrictamente necesario te recomiendo que utilices un EQ paramétrico.

Entre los 100 y 250Hz te encontrarás con el rango más adecuado para añadir algo de “cuerpo”. Ten cuidado con el rango de 250-800Hz, ya que podrías estropear por completo el sonido, debido a que son frecuencias muy engorrosas. Si deseas “redondear” el sonido deberías dirigirte al rango de 800-1KHz. Para darle claridad el rango de 6-8Hz es al que debes dirigirte. ¿Un poco de brillo?, entonces, lleva al EQ paramétrico hacia el rango de 8-12KHz y con mucha suavidad trabaja en esa zona.